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Tinte de cáscara de nueces verde solar (Parte 3)

Este es el método que dejé para el final. Es la primera vez que experimento con él pero seguramente no será la última. Aprovechando que tenía restos de nueces oxidadas de la primera receta me decidí a probar otra posibilidad de teñir.

Esto es lo que quedó de las cáscaras de nueces del primer tinte.

En general se conoce a esta manera de teñir como teñido solar o solar dyeing. Se supone que el sol interviene ayudando a la extracción del tinte de plantas. Para esto se deben poner en un frasco y al sol, la tela o lana con agua y la materia tintórea. El asunto de los mordientes no varía en este modo de teñir: deben usarse si las plantas lo requieren.

Materiales

  • 200 gramos de tela de algodón
  • 15 nueces enteras (con cáscara verde) o la cáscara oxidada de 15 nueces
  • Agua a 60° más o menos
  • Un frasco de vidrio limpio y con tapa que cierre bien
  • Mordiente (aluminio potásico o acetato de aluminio según usemos lana o tela)
  • Tiempo

Procedimiento

Mordentar primero la tela, cuando esté aún húmeda introducirla en el frasco. Es práctico colocar la planta, raíz, hojas, fruto o flores en una bolsita de gasa. Después no habrá restos pegados a la tela o lana. Esto es solo un detalle opcional.

Las cáscaras de nueces oxidadas sueltan rápidamente color.

Poner las nueces oxidadas abajo, luego llenar el frasco con agua de tibia a caliente. Usar el agua del caño/grifo o calentarla al fuego. Cerrar el frasco muy bien. Se puede también hacer una especie de «sánguche» es decir: poner las nueces abajo, encima la tela o lana y terminar por una capa de nueces.

Tal vez hubiera debido poner menos tela o conseguir un frasco más grande.

Buscar un lugar soleado del jardín o la casa. Darle la vuelta al frasco de vez en cuando y esperar.

El vidrio nos permite ser testigos de los cambios.

La paciencia es clave pues para obtener resultados se necesitan semanas y sé de gente que deja los frascos cerrados durante meses. Se recomienda estar persiguiendo el sol para que el agua se caliente y el tinte pueda actuar.

Cuando empecé este experimento todavía hacía calor y sol.

Para mi experimento, esperé tres semanas. Advierto que la tela puede oler mal. No se pudre pero ya que el envase no se ha sellado de manera hermética y pasteurizada. Es normal que haya bacterias (no peligrosas) que se hayan reproducido.

Mi frasco deambuló por todo el jardín buscando el sol.

Luego de las tres semanas, durante las cuales puede observar el progresivo cambio del color de la tela, destapé el frasco. La tela olía raro, la dejé secar. Luego la lavé y la dejé secando otra vez. Confieso que fue una sorpresa encontrarme con motivos absolutamente involuntarios e inesperados. En general nunca busco uniformidad total en los resultados con tintes naturales, estas labores no son industriales y ciertos cambios me parecen estéticamente muy atractivos.

Pegué mi tela en la ventana para apreciar los motivos sorpresa.

No todo el mundo es así, hay personas que quieren telas teñidas de manera muy pareja. En ese caso no sé si cantidades grandes de tela pueden teñirse eficazmente en frascos. Pienso que no pues uno de los secretos de la uniformidad es mucho espacio para mover todo y además hay que estar removiendo constantemente con una cuchara o palo de madera.

La tela de abajo es la teñida lentamente. Las otras, las teñí usando una fuente de calor convencional como el de una cocina. Las 3 muestras más oscuras fueron sumergidas en sulfato de fierro.

Las ventajas de este método es que requiere poco tiempo de vigilancia y nada de combustible (el agua para comenzar la podemos calentar al sol). Es por lo tanto bastante ecológico y económico. Es interesante observar la metamorfosis de la tela y documentar el progresivo oscurecimiento del color. Puede hacerse con niños (de más de 7 años).

Un consejo adicional: usar plantas con propiedades tintóreas conocidas.

Si te sirvió o inspiró este artículo ¡Compartelo! no cuesta nada y a mí me incentiva a escribir y a compartir lo que hago.

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Tinte de cáscara verde de nuez (Parte 2)

Como lo prometí, aquí va el segundo método con el que hice el tinte. Hace unos meses leí que lo ideal era usar nueces verdes y enteras. La razón es que la juglona, que es la sustancia gracias a la cual esta parte de la nuez tiñe, se deteriora. Así que esta vez me preocupé por usar con cáscara verde y enteras. Deseché las que estaban un poco podridas, despedazadas u oscurecidas por la oxidación.

Estas nueces eran buenas candidatas para el tinte.

Los ingredientes y el procedimiento son similares al de la receta anterior.

Tinte de nueces verdes no oxidadas

Materiales :

  • 150 gramos de tela para teñir (algodón, lino-algodón o lino)
  • 15 a 20 nueces frescas, enteras y con la cáscara o pulpa verde encima en buen estado
  • Agua
  • Una cacerola (solo para tintes)
  • Una cuchara de madera
  • Colador
  • Tela para filtrar
  • Una fuente de calor
  • Un mandil/delantal
  • Guantes
  • Mordiente (opcional para mí) como el aluminio potásico o acetato de aluminio (15% del peso de la tela)

Preparación:

Poner las nueces en una cacerola de tintes con agua que las cubra (2 litros más o menos). Dejar que se caliente al fuego a menos de 100°C durante dos horas. Dejarlo enfriar al menos un día en un lugar fresco y en la sombra.

Poco antes de ponerlas al fuego.

Colar las nueces para quedarnos con el líquido.

Una vez el tinte filtrado introducir en él 150 gr de tela previamente mojada. Si queremos usar un mordiente, la tela deberá estar ya mordentada. Este paso está explicado aquí y es recomendable para objetos que sean destinados a la venta. Obviamente que si usamos aluminio o lo que sea como mordiente las nueces no se pueden comer después. Esto sería tóxico y peligroso.

Dejar en la cacerola a fuego bajo a menos de 100°C, moviendo cada cierto tiempo y durante 2 horas. Enseguida dejar enfriar sin olvidar de mover la tela. Se la puede dejar una noche, 2 o 3. Es necesario que la tela se tiña de manera más o menos uniforme, para eso tenemos que asegurarnos de que esté bajo el tinte. Se le puede poner una piedra encima.

Después de haber esperado unos días. La muestra de tela es para ir viendo el color que toma el tinte.

Sacar la tela de la cacerola y ponerla a secar a la sombra. Cuando esté seca esperar un par de semanas antes de lavarla. Luego podemos lavarla con jabón suave y tenemos lista la tela.

Con los restos del primer tinte podemos aún teñir más y experimentar. Este tinte se fija bastante bien en celulosa y como puedes ver las fotos, se fija con mucha intensidad en fibras animales como lana de oveja y alpaca. Si añadimos sulfato de fierro o acetato de fierro obtenemos cambios de color impresionantes.

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Es muy interesante observar también los cambios de colores dependiendo del tiempo que estén las nueces en el agua caliente. Hice una especie de degradé con tonos que van desde cuando el agua empieza a calentar hasta el final. Mezclé otro poco con sulfato de fierro (igual podía ser agua de fierro/acetato de fierro). Me gustan mucho las variantes del mismo tinte. Espero poder pronto hacer una tinta para escribir.

De arriba a abajo, luego de pasada media hora, a la hora, hora y media y dos días después. A la izquierda con sulfato de fierro.

Quise hacer la primera receta con cáscara de nueces oxidadas pues según mucha gente esa es la manera adecuada y según otras personas, lo más recomendable es usar nueces verdes enteras y en buen estado. O sea como lo ves aquí. Luego de haber hecho ambas puedo decir que la intensidad y durabilidad de los tintes es muy parecida. Es posible que usando nueces enteras el tinte sea más intenso más rápidamente. Tendría que repetir muchas veces la experiencia para decir que una es mejor que la otra.

La tela que vemos arriba es lino las siguientes son lino-algodón.

¿Te animas a probarlas? Tengo una manera de teñir que varía de estas para la próxima semana. Si te gustó, sirvió o inspiró mi artículo, compártelo, ¡No cuesta nada!

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Tinte de cáscara verde de nuez (Parte 1)

¿Quieres saber cómo hacer un tinte de cáscara verde de nueces? ¿Por qué valdría la pena intentarlo? ¡Lee y entérate!

En Europa estamos en época previa a la cosecha de nueces (Juglans regia) por lo tanto es fácil encontrar nueces aún verdes o recubiertas de pulpa verde. Son buenas noticias pues el tinte de pulpa de nuez o de nogal es uno de los más fáciles de hacer ¡puede hacerse sin mordientes (sobre todo en fibras animales)!

El tinte de nuez, debido a su alto contenido de taninos y la juglona no lo requiere en fibras animales, pero se lo recomienda en fibras vegetales como el algodón y el lino. Yo no lo hice pues los colores se vuelven un poco verde-amarillento y no era eso lo que buscaba.

Los poderes tintóreos del nogal (corteza, hojas y nueces) se conocen desde la época de los romanos. Ellos notaron también (como seguramente más de alguien que los tenga en su jardín) que los nogales impedían el crecimiento de otras plantas cerca. La causante es la juglona, una sustancia de toxicidad moderada que al oxidarse oscurece y produce un marrón muy oscuro. La juglona junto a otros pigmentos de la planta y los taninos producen tintes duraderos y estudiados desde la antiguedad. Como dato interesante, la tintura (o tinte) de nogal se ha venido utilizando no solo para teñir tela y lana sino también como herbicida, tinte para madera, tinta para dibujar y escribir, tintes de pelo y medicamento (en tintura madre y como antihelmíntico).

Hay otro tinte que es muy popular y es el de nueces negras (Juglans nigra), el detalle es que estas nueces no crecen en todas partes (solo en América del Norte, el sur de Europa, el sur de América del Sur y Asia). Nos contentaremos con la nuez común y corriente pues crece en todos los continentes y da muy buenos resultados. Si tienes la suerte de conseguir nueces negras el procedimiento es igual, la diferencia es que las negras producen un tinte mucho más oscuro.

Conocía ya un método y ya he teñido con nueces verdes antes. Esta vez quise probar con otras posibilidades. Busqué mucho y encontré variedad de recetas, a veces con algunas contradicciones. Creo que en ese caso hay que tener confianza en la gente que no solo tiene mucha experiencia sino que se documenta. También me gusta ver las fotos de sus resultados y lo esencial, ¡saber cuánto duran sus tintes en las telas !

En éste artículo comparto la primera de tres maneras un poquito diferentes para teñir, las demás vendrán luego. Aclaro que me encantan las nueces, para mí son una materia tintórea excelente pero antes que nada son comida. Por eso he hecho todo lo posible por preservar la parte comestible.

Tinte de nueces verdes usando nueces oxidadas

Materiales:

  • 150 gramos de tela para teñir (algodón, lino-algodón o lino)
  • 15 a 20 nueces con la piel o pulpa verde encima
  • Agua
  • Una cacerola (solo para tintes)
  • Una cuchara de madera
  • Colador
  • Tela para filtrar (utilicé un pedazo de sábana vieja)
  • Una fuente de calor
  • Un martillo de caucho o normal
  • Una bolsa de papel o papel periódico
  • Un mandil/delantal
  • Guantes
  • Mordiente (opcional para mí) como el aluminio potásico o acetato de aluminio (15% del peso de la tela)

Preparación

Antes que nada usar guantes, un delantal y ropa que no temamos echar a perder, este fruto tiñe de por vida los textiles y la piel por un buen tiempo.

Escoger nueces verdes sin tomar en cuenta si están muy bien conservadas o no. Preferí unas con manchas y defectos.

Meterlas en una bolsa de papel o papel periódico y machacarlas con el martillo pero sin romperlas. La idea es extraer la cáscara verde sin dañar la nuez. Luego con un cuchillo, retirar el resto de cáscara.

Después, colocar las cáscaras sin nuez en una vasija o recipiente plástico limpio y dejarlas al aire libre (cuidando que no les caiga agua) durante 3 a 4 días enteros.

Al cabo de este tiempo, ya están bastante oxidadas como para hacer el tinte. Ponerlas en una cacerola de tintes con agua que las cubra (2 litros aproximadamente). Dejar que se caliente al fuego a menos de 100°C durante dos horas.

Yo suelo dejar el tinte a que enfríe en un lugar fresco. Dejo el tinte en agua durante 2 días pero se puede menos tiempo. Luego lo ideal es colar las cáscaras para quedarnos solamente con el tinte. Para eso se pone la tela sobre el colador.

Si usas mordientes (es aconsejable si quieres hacer artículos para la venta), lo mejor sería haber preparado ya la tela y tenerla aún húmeda para luego introducirla en el tinte. Si no usas (como escogí hacerlo yo) puedes pasarte éste paso.

Una vez el tinte filtrado meter la tela (previamente mojada). Sobre las dimensiones de la tela, 150 gramos es una cantidad aproximada pues la cáscara de 15 a 20 nueces son más que suficientes para teñirla. Dejar en la cacerola a fuego bajo a menos de 100°C, moviendo cada cierto tiempo y durante 2 horas. Enseguida dejar enfriar sin olvidar de mover la tela. Se la puede dejar una noche, 2 o 3.

Sacar la tela de la cacerola y ponerla a secar a la sombra. Cuando esté seca esperar un par de semanas antes de lavarla. Luego podemos lavarla con jabón suave y ¡ya está!

Nota: pongo énfasis en la etapa que no seguí sobre los mordientes pues este tinte de nueces se conserva mucho tiempo sin ellos en celulosa y el aluminio cambia el color en este tinte.

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Monederos de colores naturales

Una de las preguntas más populares cuando la gente se entera de que tiño telas con plantas y cochinilla es ¿para qué sirve? Claro, seguir un proceso, aprender algo nuevo, utilizar materiales y técnicas milenarias y poco contaminantes, todo eso es para mí una gran experiencia pero para responder a la pregunta puedo decir: para hacer objetos valiosos.

Si estás leyendo esto es que los tintes naturales te interesan o te intrigan. A mí también, pero al mismo tiempo que comencé esta aventura también emprendí otra: la de tratar de tener objetos necesarios y deshacerme de los otros. Por esta razón, el hecho de acumular muestras, telas teñidas y materiales que (no iba a utilizar) era una fuente de estrés para mí.

Es difícil conciliar una personalidad curiosa y creativa con un minimalismo incipiente. Dudo que algún día sea una verdadera minimalista. Tengo simpatía por sus principios y trato de aplicar lo que me sirve pero no voy más allá. Un ejemplo está aquí, para aprovechar estas telas opté por hacer monederos.

A que tienes curiosidad por saber de dónde vienen los colores. Al final del artículo lo cuento.

Todo comenzó con un diseño simple pero razonado, no me gustan mucho los monederos con fondo cuadrado, me parece que las monedas son más fáciles de ubicar en un fondo redondeado. Además este estilo me parece más «amigable». Luego de calcular algunas áreas y hacer un molde decidí que les pondría también un forro y trataría de hacerlo todo de manera muy cuidadosa.

Sin ser una profesional, pues nunca tomé clases, sé coser, sin embargo aprendí mucho de acabados con cierres. Realmente toma mucho tiempo forrar y coser cierres y que quede todo prolijo. Seguramente con el tiempo y la práctica las cosas van más rápido.

Para el forro utilicé tela gris producto de una impresión botánica. Me gustó el color pues le daba variedad y la tela al ser más delgada era ideal para un interior. En una de las fotos se ven cierres no metálicos sino plásticos, ambos son buenos. Los metálicos lucen más vistosos y cuestan más. También les puse agarradores a la izquierda y a la derecha. Siempre me pareció que estos elementos pequeños facilitan la abertura o cierre. También incluí un cordón para tirar del cierre.

Otro detalle es el sello. Me pareció que hacer un sello yo misma, inspirado en algo de mi casa, era algo más personal. El modelo «original» es una ramita de un arbusto de nuestro jardín. Nunca había hecho sellos, este es mi segundo ejemplar porque para lanzarme hice otro con forma de flor. Me encanta hacer sellos, es laborioso pero relajante, precisamente porque es imposible hacerlos sin estar súper concentrada.

El resultado es una combinación de intenciones que no ha quedado mal. A lo mejor algunas medidas se pueden replantear pero la función inicial : guardar monedas y cosas pequeñas, la cumple bien.

Es posible que quieras saber de dónde vienen los colores de estos monederos. Te lo digo:

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Tinte de agallas de forsythia

Las agallas son un mecanismo de defensa de las plantas. Son el equivalente de los tumores para un animal. Las agallas contienen un porcentaje elevado de taninos. Podemos reconocerlas cuando vemos excrecencias o formaciones extrañas. La explicación es lógica, las plantas secretan taninos cuando se sienten atacadas y estos hacen que las partes afectadas sean tóxicas, de sabor acre y muy desagradable. Así, arboles y arbustos principalmente, se protejen de muchos insectos, hongos y bacterias.

Nuestras forsythias hace casi un mes. En esta época se supone que las flores ya se han caído.

Lo interesante para nosotros, los que teñimos con plantas, es que los taninos tiñen (no todos de manera muy visible) y ayudan a fijar colores de tintes. En mi búsqueda de taninos locales observé lo que los amantes de la jardinería conocen muy bien: las agallas de forsythia. La forsythia es un arbusto de flores amarillas que da la señal de que la primavera ha comenzado. Me gustan mucho porque con su color intenso alegran cualquier jardín. La forsythia crece muy fácilmente y aparte de una poda anual no necesita más cuidados.

¿Ves esas extrañas excrecencias? Son las agallas.

Las agallas de roble son las más conocidas y utilizadas pero hace tiempo que había observado las formaciones anormales en los tallos de la forsythia de mi jardín. Cuando hice búsquedas para documentarme solo encontré información sobre como eliminarlas o tratarlas. He leído de todo: desde cortar las partes afectadas hasta la desinfección de la planta y hay quienes las incineran y desinfectan todo el terreno. Felizmente también hay gente que decía que las agallas de forsythia no son el fin de la planta y en general no hay que hacer nada. La planta tiene algunos bultos raros pero nada más.

Envolví las agallas y las trituré (envueltas). Luego recuperé el polvo y lo usé para el experimento.

Lo que yo hice fue cortarlas las que había en nuestros arbustos. Las envolví en un trapo y las molí usando un martillo. Quería conocer de manera aproximativa el contenido de taninos de estas agallas. Utilicé el 10% del peso de tela de algodón que iba a teñir. En mi cacerola de tintes puse a calentar el polvo de agallas con agua y esperé una media hora. Después introduje la tela y la dejé cerca de dos horas (creo que fue un poco más).

La dejé secar. El color obtenido no era muy vivo.

La tela de la izquierda es de tinte de agalla de forsythia y acetato de fierro, la de la derecha es sin acetato de fierro.

Como tenía ganas de hacer algo un poco creativo corté una hoja de hortensia y con un rodillo de esponja le pase acetato de fierro a la parte de las nervaduras. Luego presioné con otro rodillo la hoja donde quería estampar la forma. Lo hice varias veces. Esperé a que seque y me decidí a darle más variedad a la tela con una técnica shibori muy simplificada. Envolví una rama seca con la tela y la amarré dándole vueltas en más de un sentido. Sumergí entonces la rama en acetato de fierro casero por unos minutos y le di la vuelta varias veces.

La dejé secando un día. Cuando la abrí noté que se habían formado diseños y también se podía apreciar la forma de las hojas.

¡La naturaleza es siempre tan variada y soprendente!

Para sacar conclusiones creo que tendría que repetir el experimento, no pienso que la capacidad tintórea de las agallas de la forsythia se compare a la de bellotas. Sin embargo no deja de ser valioso que haya usado agallas que estaban realmente a mi disposición y que además se consideran un defecto o un problema estético grave para la planta.

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Tarta Tatin o tarta de manzanas invertida

Si quieres hacer algo fácil, rico y muy vistoso, esta receta hecha con manzanas es para ti.

La tarta Tatin es un símbolo tan francés como los macarrons o la brioche. Si quieres saber un poco más de su historia puedes saberlo aquí.

Me inspiré en una receta del genial Matías Chavero.

Mi consejo para esta (y en general para todas las recetas), es leerla bien y verificar si tienes todos los ingredientes antes de lanzarte a prepararla. No lleva nada sofisticado ni exótico así que poco importa dónde vivas, ¡la vas a poder hacer!

Ingredientes para un molde de 22 cm de diámetro:

Para el caramelo:

  • 180 gramos de azucar
  • 2 a 3 cuchadaras de agua
  • 1 molde resistente al fuego (de una sola pieza, sino el caramelo se saldrá)

Para la masa:

  • 300 gramos de harina
  • 100 gramos de margarina/mantequilla
  • 4 huevos
  • 150 gramos de azúcar
  • 2 cucharadas de vainilla
  • 3 cucharaditas de polvo de hornear
  • 5 o 6 manzanas medianas

Preparación

Pon el azúcar en un molde metálico (desmenuza si está en piedritas o terrones). Añade el agua. Lleva a fuego suave y agarra el molde con una manopla o secador de tela no inflamable mueve un poco para distribuir el azúcar. No revuelvas con una cuchara, eso haría que se cristalize el azúcar. Cuando el caramelo obtenga un color rubio retira del fuego. Con las manos protegidas mueve el molde para hacer llegar el caramelo por los lados del molde. Dejar enfriar.

No te alarmes si escuchas que se quiebra. Es normal por el cambio de temperatura. Cuando esté frío, engrasa el molde (base y costados). Es el momento de preparar la masa. En un bol/tazón, coloca la margarina (blanda) y el azucar. Bate hasta que el azúcar esté disuelto. Mezcla aparte, la harina y el polvo de hornear. A esta mezcla añádele los huevos uno a uno. Ahora mezcla todo.

Solo cuando la masa está lista se pelan las manzanas, de lo contrario se oscurecen. Córtalas en rebanadas finas. A mí me gusta darle alguna forma artística pero puedes disponerlas como quieras. El asunto es cubrir completamente el fondo con manzanas. Coloca también por los costados. Echale encima trocitos de margarina/mantequilla y espolvorea con azúcar. Vierte la masa sobre el lecho de manzana.

Lleva al horno por 45 a 50. minutos. Mi horno tiene tendencia a secar mucho todo por eso siempre meto en un recipiente refractario un poco de agua. Verifica que la tarta esté bien cocida con la punta de un cuchillo. Espera un poco pero no mucho pues esta preparación se desmolda aún caliente.

Puedes acompañar con una bola de helado de vainilla. Si te gustó, comparte, esta tarta es muy fácil de hacer y siempre causa buena impresión.

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Teñir con tanaceto: logra un amarillo vivo y duradero

Mis propósitos para este año son pasar más tiempo con los míos y ser más feliz. También quiero un poco de tiempo a solas para crear, para pensar. Si pudiera me haría de un gato también. Este artículo lo comencé en enero pero por exceso de trabajo no pude publicarlo antes. Creo que todavía estoy a tiempo para esperar cosas buenas para el resto del año.

Ahora, lo prometido, voy a compartir mi receta del tinte de tanaceto (Tanacetum vulgare). He escogido esta planta porque a fines de verano realmente abunda en esta parte de Europa (el norte de Francia y el sur de Bélgica). Es más, es considerada por muchos como hierba mala.

El tanaceto es una planta singular, tiene propiedades medicinales (antihelmínticas) y tóxicas cuando se ingiere en tisanas de manera excesiva. Su ingestión está absolutamente desaconsejada en mujeres embarazadas. Puedes enterarte de otras indicaciones y contraindicaciones aquí.

Encontramos esta planta a la vera de caminos y también en lugares un poco húmedos. Sus flores son de color amarillo encendido y crecen en capítulos (como la manzanilla pero sin pétalos). Algo muy característico del tanaceto es su olor, es intenso y para mucha gente, francamente desagradable. Sin embargo las flores son muy bonitas y duran casi una semana en agua. Para las y los tintoreros, es interesante porque es muy fácil encontrarla y además aunque no tiene taninos, en su composición química se encuentran elementos que tiñen de manera duradera (flavonoides y luteolina). A pesar de eso, es indispensable usar mordientes pues de lo contrario el tinte no se adhiere a la tela. A continuación detallo la receta:

Esta flor es una buena alternativa a la cúrcuma o las flores ornamentales.

Ingredientes para teñir 100 gramos de tela

  • 100 gramos de tela (algodón o lino)
  • 20 gramos d’alumbre potásico
  • 10 à 15 ramas con flores de tanaceto
  • Agua

Procedimiento

Comienza por lavar la tela que quieres teñir (algodón o lino lavados). No le pongas suavizadores si la lavas en la lavadora.

Limpia las ramas con las flores de tanaceto de ramitas de otras plantas o de otras hojas. Lo mejor es dejarlas un par de días a la sombra para que se liberen de insectos. Lo que nos interesa más en esta planta son las flores pues son ellas las que tienen poderes tintóreos. No pasa nada si hacemos la preparación con ramas a condición de tener sobre todo flores. En una olla de tintes (es cualquier olla de acero inoxidable pero sólo la usas para eso) echas agua que cubra las flores de tanaceto. Calienta sin llegar a hervir y déjalas una hora a fuego moderado. Mueve con la cuchara de madera para que todas las flores suelten el tinte.

Mordentar

De manera simultánea vierte agua (1 litro más o menos) en una olla de tintes (sólo la destinamos a ese uso). Llevala a fuego medio y disuelve el alumbre. Esto puede tardar unos 15 minutos. Mueve con una cuchara de madera hasta que el el alumbre se haya disuelto completamente.

Moja la tela totalmente y métela en el alumbre disuelto. Con pinzas de madera asegúrate de que la tela esté bien impregnada. Déjala ahí durante unos 30 minutos.

Pasa por un tamiz o colador el tinte de tanaceto y resérvalo. Vierte ahora el tinte en una olla de nuevo e introducir la tela aún mojada. Pon la olla al fuego por una hora aproximadamente. Mueve con las pinza de madera y con la cuchara para que toda la tela se moje y el tinte penetre. Después, deja enfriar y hacer secar la tela en la sombra.

Yo repetí el paso del teñido (no mordenté la tela dos veces) y conseguí un amarillo vivo y precioso. Cuando hice esto, no es fue con el mismo tinte, lo hice con un tinte nuevo. No pasé la tela por alumbre una segunda vez porque no fue necesario. No olvidemos que aunque el tanaceto tiene poderes tintóreos necesita un mordiente y el alumbre potásico es el adecuado pues no cambia el color y es menos tóxico y accesible que otros.

Cuando la tela estuvo seca la enjuagué y la planché. La he lavado ya cinco veces con jabón y el color permanece. Estoy muy contenta pues el tanaceto crece hasta en el jardín de mi casa, sin mayores cuidados. El tiempo en obtener el tinte es normal y el color es duradero y vivo. En pocas palabras, mi proyecto es sostenible.

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Teñir tela con cáscaras de nueces y agua de fierro

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Para teñir con tintes de plantas no hace falta estar en la época de las bellotas o en la época de los helechos o del tanaceto.

Puedes comenzar con las cáscaras de nueces. La piel de las nueces es conocida por su gran contenido de taninos, produce un tinte intenso que me encanta. Las hojas del nogal también tienen taninos. En realidad el árbol entero es un concentrado de estas sustancias.

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¿Por qué nos interesa que tengan taninos? pues porque eso nos asegura que el tinte tendrá afinidad con las telas de algodón, lino o lana. Si además usamos un mordiente, el tinte será mucho más duradero. Los taninos (a excepción de los de las agallas cuya acción es incolora) son mordientes y producen color. Los tintes de vegetales son regalos preciosos de la naturaleza pero obtenerlos demora horas, días o incluso semanas de paciencia. Tanto inversión de tiempo merece durar ¿no es cierto?

Felizmente este tinte de cáscara de nueces es realmente muy fácil de obtener y podrás realizar luego el proyecto que quieras.

Ingredientes

  • Cáscaras de 15 nueces
  • Agua
  • Tela de algodón (yo utilicé un retazo de unos 25 x 40 cm)
  • Cuerda para atar (fina, de diámetro 1.5 mm aproximadamente)
  • Una ramita, tubo o varilla en la que vamos a enrollar la tela puede ser de plástico. De ser preferible no uses metal a menos que sea acero inoxidable.
  • Agua de fierro (tienes la receta aquí)

Procedimiento

  • Lava la tela de algodón, lino o lana. No uses suavizantes, las telas tal y como las venden tienen una capa de cera que les da cierta solidez. Esa cera impide que penetre el tinte por eso hay que lavarla aunque sea nueva. Es casi seguro que le has puesto algún suavizante. Los suavizantes cubren de una película de grasa las telas, por eso para la preparación, usa un detergente normal y nada más.
  • Pon las cáscaras en una cacerola (tu cacerola u olla de tintes, no de comida). Cúbrelas de 1 litro de agua. Caliéntalas hasta antes de que hiervan (80° C) por una hora. Puedes hacerlo primero por 30 minutos y luego otros 30 minutos. En general yo lo hago así pues eso me da más libertad para hacer otras cosas.
  • Si quieres puedes seguir extrayendo el tinte por una media hora más. Deja enfriar y cuela (con tu colador de tintes no de comida).
  • Moja tu pedazo de tela (si estaba seco), si lo acabas de lavar introdúcelo en la cacerola con el tinte. Que el agua cubra la tela, puedes ponerle una piedra para que la tela no salga a la superficie. Calienta de nuevo y moviendo por espacio de una hora (aquí también puedes hacer una pausa entre cada media hora). Mueve con una cuchara de madera para que el tinte penetre de manera uniforme.
  • Saca del fuego y deja la tela remojando en el tinte durante la noche. Después de 12 horas deja que seque en la sombra.
  • Ahora tienes la tela teñida. No la enjuagues aún. Enróllala ajustando bien alrededor del palo/varilla/tubo. Átala enrollada con la cuerda. Dale varias vueltas. Haz un nudo para que no se mueva.
  • Humedece con agua el tubo o rama con la tela. En una vasija lo suficientemente grande para que entre el palo o tubo de manera horizontal, vierte dos tazas de agua de fierro. Ponte guantes y sumerge tu tela enrrollada. Manténla sumergida por 2 minutos. Dale la vuelta y sumerge otros 2 minutos.

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Sácala y deja secar un día. Al día siguiente puedes cortar la cuerda, el agua de fierro habrá reaccionado con los taninos y este es el resultado. Las partes donde ha penetrado más el agua de fierro tendrán un color herrumbre, la otra parte tendrá un color marrón o béis subido. Lo más bonito del asunto son las marcas que ha dejado la cuerda. ¡Sin saberlo acabas de iniciarte en la técnica shibori!

Tu tela está lista para una bolsita, un neceser, un estuche para lápices…

Yo me cosí un estuche para tijeras y otras cosas que uso a menudo. Corté las piezas y las uní, como no quería que se vieran las costuras le puse un forro de tela con impresión botánica. Esa queda para otro día y otro artículo.

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Mi primera exposición fotográfica

Esto sí que me hace ilusión. ¿Cómo podía imaginar que algún día se iba a realizar?

Pensé que era un proceso sólo para gente súper experta, experimentada y con contactos. Experiencia tengo, no décadas pero sí ya ciertos años, sé cosas porque la fotografía es una de mis pasiones. ¿Contactos? No, soy tímida y no tengo una gran vida social ni amistades «influyentes».

Un día estaba por la plaza de Comines, una ciudad pequeña del norte de Francia, y ví que había una exposición en la Maison du Patrimoine. Era un miércoles y estaba con mis hijos, entramos a ver lo que había. En ese tiempo creo que era algo sobre la historia de la ciudad. Se me ocurrió que no costaba preguntar si estaban interesados en exponer fotos de arquitectura. Me dijeron que tenía que enviar las fotos a la persona encargada pues mucha gente proponía exhibir sus creaciones.

Sucede que en esa época tomaba aún clases de fotografía y había tomado varias fotos de Comines. De su arquitectura industrial. Me respondieron diciéndome que de momento no era posible pues ya tenían la agenda completa. Me desanimé un poco pero seguí estudiando fotografía y aprendiendo aquí y allá. Nunca terminaré de aprender más.

El año pasado (¡tres años después!) me contactaron de la Maison du Patrimoine para decirme si todavía seguía interesada. Pero claro que me interesaba, sólo que en tres años, mis intereses, mis técnicas y hasta mi cámara habían cambiado. Como tenían cierta prisa, (y yo también). Me decidí a tomar otras fotos de la ciudad. Comines se parece a muchas ciudades del norte francés. Tiene muchas construcciones de ladrillo caravista y muchas ex fábricas. El pasado industrial y textil de la región son su marca de fábrica.

Los monumentos más conocidos de la ciudad son el campanario y las casonas que rodean la municipalidad. No quería fotografiar lo que ya se ha fotografiado muchas veces. Comines podía y tenía que ser más que su plaza. Me puse a investigar, a mirar con ojo crítico y clínico la ciudad. Poco a poco empecé a tener una idea de lo que podía y quería fotografiar. Estaba tan acostumbrada a la arquitectura del norte que ya nada me era nuevo.

Fue entonces que decidí fotografiar detalles y así fue acumulando fotos y fotos que después seleccioné y presenté. Felizmente estuvieron de acuerdo con mi selección. He querido mostrar el encanto de las pequeñas cosas y también re descubrir los monumentos conocidos.

Hay un par de fotos con graffiti, soy una partidaria del arte callejero. Me gusta mucho cuando está hecho con buen gusto. Sería lindo si la ciudad contara con un espacio dedicado a los murales coloridos y bien trazados.

He fotografiado fachadas y he hecho algunos collages. Los esposos Becher siempre han sido una fuente de inspiración para mí, así que algún aire a lo Becher no es casualidad.

Tambien le he puesto color, la primera vez que fotografié la ciudad, lo hice en blanco y negro. Creo que en su época estuvo bien pues parecía fotografía documental. En la actualidad no hago fotos en blanco y negro. Veo el mundo en technicolor y la vida durante una pandemia, ya es bastante limitada. Quiero color y quiero esperanza.

Deseo agradecer al equipo simpático, amable, comprensivo e increíblemente generoso de la Maison du Patrimoine y al señor Sence, por su confianza y gentileza. La Maison du Patrimoine, a un paso de la frontera con Bélgica, siempre propone alternativas culturales para grandes y chicos.

Mi exposición, titulada «Formes et couleurs de Comines» está hasta el 26 de marzo de este año 2021.

No hace falta inscribirse para acudir, el lugar está abierto de lunes a viernes y los horarios están aquí.

¡Ojalá puedas ir! Cuando acabe, haré una exposición en línea.

Recoger hongos comestibles

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Estamos en otoño, este año llueve mucho y hay días relativamente cálidos. Normalmente el otoño es la estación champiñonera por excelencia pero cuando además hace calor y hay suficiente humedad, estos especímenes proliferan con mucha facilidad.

Este año nos atrevimos por primera vez a cosechar algunos. Teníamos un poco de desconfianza pero luego de consultar un libro y muchas fotos en línea, pudimos comer los primeros hongos silvestres de nuestras vidas. Recomendamos seguir al pie de la letra las indicaciones de libros serios y bien documentados. No sólo ver fotos e ilustraciones sino leer las descripciones.

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Mi esposo compró hace un par de años 450 champignons de Andreas Gminder y Tanja Bohning (El libro en español, de los mismos autores se llama Hongos de Europa ). Es muy completo y compacto. Lo llevamos con nosotros y así podemos identificarlos más rápido.

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Es verdad que existen bastantes hongos venenosos pero también hay muchos que son comestibles y muy sabrosos además. Es una pena privarse de ellos por no saber si son peligrosos o no.

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Las reglas fundamentales son identificar las partes del hongo, la cantidad y forma de anillos, el tipo de raíz, los colores y textura del sombrero, el lugar dónde crece, la familia a la que pertenece. Parece complicado pero es interesante y divertido identificarlos con la ayuda de un libro. Aunque sólo sea para conocerlo. Por ironías de la vida uno de los hongos más fotografiados y más populares es la Amanita Muscaria, un hongo altamente venenoso y bonito. Así pues, las cosas no son siempre lo que aparentan. Sí, sí, esos rojos con puntos blancos son Amanitas Muscarias.

 Te cuento que los que recogimos se llaman Lepiota, la primera vez que los recogimos, yo no tenía la menor idea de cómo hacerlos, busqué recetas y me recomendaban empanarlos y freirlos. Al final los hice salteados con aceite de oliva, sal, pimienta y perejil. También encontramos un Calvatia Gigantea, ese era francamente enorme y no tenía mucho sabor pero no era para nada desagradable. Al día siguiente teníamos aún restos y nos los comimos con fideos y queso parmesano rallado. Estuvieron muy buenos así.

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El sábado que pasó encontramos más Lepiotas. Esta vez los metí en el horno con un pollo que tenía abundante romero y otras hierbas. Estuvieron deliciosos.

¿Cómo cocinar los hongos silvestres?

Puedo hablar de los dos que hemos probado, o sea el Lepiota y el Calvatia Gigantea (prefiero usar los nombres en latín pues en cualquier idioma los encontrarás bajo esa denominación).

Normalmente están limpios, tendrán a lo mucho un poco de tierra o hierbas. Cuidado: no se deben recoger hongos que crecen en lugares contaminados, muy urbanos o cerca de fábricas. Los hongos absorben todas las toxinas del medio ambiente. Recógelos en bosques o parques un poco lejos de la ciudad.

Es mejor enjuagarlos (yo lo hago). No mucho pero lo suficiente para sacarles la tierra. Sé de gente que los pela, imagino que son hongos con superficie un poco dura. Los que conozco son muy blandos.

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Los puedes cortar en rebanadas, elige el corte que te guste. Los hongos son delicados y se componen de un 80 a 90 % de agua, trátalos con cuidado.

Los puedes comer crudos, en ensalada o cocidos. Para mí, los Lepiota son mejores cocidos. Las posibilidades de recetas abundan. Hay quienes los prefieren con crema de leche. Pienso que salteados son ricos. La próxima vez tal vez los haga en tortilla.

Otro dato interesante de los hongos es que contienen minerales como calcio, potasio, fósforo, magnesio, zinc y cobre. Como si fuera poco los hongos comestibles también son ricos en riboflavina (B2), niacina (B3) y folatos (B9) (15). Además producen metabolitos secundarios como los compuestos fenólicos, pigmentos carotenoides y ergosterol que reducen el riesgo de contraer enfermedades, especialmente cáncer o trastornos cardiovasculares.

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Esta incursión en el reino Fungi (los hongos no son vegetales ni animales, son fungi) me ha dejado con ganas de continuar estudiándolos. Son fascinantes y por eso la regla final es: recoge sólo si son abundantes. Si están en algún lado es por algo, están cumpliendo un rol. No los aplastes, no los arranques, aún si son venenosos tienen una función en el ecosistema.

Fuentes:

  • 50 champignons de Andreas Gminder y Tanja Bohning.
  • «Valor económico, nutricional y medicinal de hongos comestibles silvestres» de Araceli Cano-Estrada y Leticia Romero-Bautista en Revista chilena de nutrición.

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